miércoles, 10 de enero de 2007

LA FURIA DE LA NATURALEZA Y YO

Hoy eran cerca de las nueve menos veinte (8.40) de la mañana (AM) y yo estaba en el gimnasio y veía como se iba oscureciendo afuera… pero nunca me imaginé, que después de hacer los ejercicios aeróbicos (porque hoy tocaba aeróbico) y algo de fierro, pagar el mes que me venció el siete (7) del corriente y dignarme a salir, habría un diluvio esperando por mí.
Mi primera reacción fue una risa. Porque me gusta la lluvia. Especialmente esa como la de hoy a esa hora, como dicen en inglés: pouring rain. Algo se podría traducir como lluvia gruesa o lluvia pesada. Me re copan esas gotas que no sólo se ven cuando rompen contra el suelo, sino que vos las ves caer, las podés seguir en el trayecto.
Le digo al tipo del gimnasio: “me voy”. Me mira y me dice: “si podés”. Jajajaja… eso me causó gracia, porque no sabe lo que me gusta mojarme debajo de la lluvia cuando sabés que no hay otro destino que tu casa, que llegás y de última si tenés tanto fresco en el alma te das una ducha caliente de esas que duran más que lo normal y listo el pollo. ¡Que tanto!.
Salí del gimnasio con una sonrisa casi infantil, no puedo decir cuanto disfruté ese momento. Para que no me cagara de frío después de hacer ejercicio, empecé a correr. Sé que la manera para mojarse menos es caminando, pero el frío que podés llegar a chupar caminando es mucho también. Retomo: empecé a correr, y como a los 20 metros ya estaba todo mojado. Íntegramente. Léase: remera, short, medias, zapatillas (que con cada pisada de la corrida largaban agua… jajaja) y calzoncillo. Podía sentir las gotas que me caían que eran como pequeños meteoritos de agua. Estuvo bárbaro. Yo corriendo (a trote firme) por calle San Lorenzo (no es que el gimnasio esté tan lejos, son nada más que tres cuadras) todo mojado sacudiendo la cabezota cada tanto (porque el agua no me dejaba ver bien) y mirando a la gente que esperaba que parara la lluvia en las esquinas. Deben haber pensado: ¿y este loco?... este está de la cabeza. La cara de la gente era impagable.
Nota aparte merecen los relámpagos que me hicieron de soundtrack durante todo (pequeño) trayecto.
Corrí, contento abajo de la lluvia, sintiéndome como esa gente que a pesar de todo sigue adelante. Llegué a la puerta del edificio hecho sopa, y me saqué las zapatillas y escurrí las medias. Ya en mi casa, sin decir una palabra (porque en la pieza de mis viejos no había nadie, así que no estaban asumo yo) me metí a bañarme bajo *agua caliente*.
¿Yo?: feliz. Salí de bañarme, y estaban mis viejos en la pieza y mi vieja me dice: ¿vos no te llevás el celular al gimnasio?.
- No, mamá. Nunca lo llevo – le digo.
- porque te llamé para que te quedes en el gimnasio hasta que pare un poco - me dice.
Era de esperarse que me llamara para eso. Pero yo no tenía el celular, así que no hay problema :P
Básicamente me trataron de loco irresponsable y estúpido. Con sutileza, pero a la larga (y tal vez con un poco de exageración mía :P:P) quisieron decir eso.
Pero no importa, porque ¿qué iban a hacer a esa altura?. Nada. Entonces ya no importa. ¿Yo?: feliz.



PD: con que poco se conforma alguna gente :D