LAS DIOSAS
Son personajes que se ven más allá de la realidad. Podrían definirse como aquellas mujeres a las cuales se las ve en otra realidad por más cerca que estén. Van por la vida rodeadas de un halo blanco que las cubre indicando seguridad y lejanía; deseo y ambición.
No se puede precisar porqué ellas hechizan y, honestamente, no creo que nadie tenga interés en averiguarlo pues nada le solucionaría. Tal vez lo hagan sin querer, sin ánimo de embrujar a los que las miramos, o puede ser que actúen con dolo, con intención, deliberadamente y disfruten haciendo esta clase de jugadas a quienes las contemplamos atónicos. No sería de sorprender que se regocijaran con las rupturas de corazones que jamás entenderán que les sucedió. Corazones que tal vez nunca le hablen, nunca la sientan… pero la vieron. El dolor es el silencio, y sufrir en silencio suena casi a una redundancia en estas circunstancias, pero no importa, hay algunos de nosotros que elegimos el camino de la tristeza ante la imposibilidad del amor. No nos juzguen por eso. Es casi como un disfrute del dolor.
Las diosas son una especie que atrapa simulando inocencia, siendo aniñada, agraciada en sus acciones, de un hablar pausado y seguro. Es todo aquello que se quiere, pero a la vez también está todo aquello que se desprecia en una mujer. Son la dicotomía perfecta de un hombre bipolar.
Si alguien tiene la suerte de poseerla, va a encontrarse con la otra verdad que emiten las diosas: ellas no son de nadie. Por más que parezca, tengan la certeza que no tienen un solo hombre. Son animales que se mueven según su instinto de lujuria, chorrean erotismo, pero derraman inocencia, no lo olviden. Son de nadie.
Con sus cuerpos exquisitos flechan hombres indefensos, tanto play-boys como los últimos románticos que quedamos en pie. Su séquito de hechizados se asemeja cuantitativamente a un ejército.
Hembras fatales que quitan el aliento y generan ilusión, de ojos profundos y seguros, animales de bajos instintos, parámetros de la perfección que hacen llorar al más fuerte.
LOS ÁNGELES
Acá es todo mucho más terrenal, por más que la palabra que haya elegido para representarlas tengo un significado de inalcanzabilidad o fantasía inclusive. ¿Porqué?. Bueno, porque mi representación de un ángel vine por el lado de que son esas mujeres con las que uno compartiría el resto de su vida, compartiría los momentos buenos y los momentos malos.
Son las mujeres simples, que aman con el alma y tienen una mirada sincera llena de ternura. Un cuidado devoto por el otro, una espontaneidad de cariño casi irrisoria. Aquellas que van a estar no importa qué, las que viven por un segundo de retorno del amor que sienten por un hombre. Éste es el tipo de mujer que busca cualquier hombre aunque diga lo contrario.
Su mirada calma a las fieras, su voz es el canto más hermoso que alguna vez escucharon nuestros oídos, su sonrisa es la muestra de cariño más sincera que vamos a recibir, sus caricias son tan suaves como las nubes, su abrazo es nuestro único lugar de verdadera seguridad y su beso es el motor de nuestra ilusión. Nos cubren con sus alas de terciopelo y nos llevan lejos.
No obstante estas virtudes, hay imbéciles que, motivados por vaya uno a saber que clase de razones, niegan o rechazan el amor manifiesto de los ángeles que habitan estas tierras. Aquellos sujetos serán castigados con el purgatorio, tratando por el resto de la eternidad de sacarse ese solo pecado de sus hombros: el hecho de rechazar el amor de un ángel sin razón.
REFLEXIÓN FINAL
“No hay peor nostalgia que añorar lo que nunca jamás ocurrió”. Frase de Sabina que C se encargó de plasmar en mi cuaderno de civil II; y que encierra mejor que nada que haya escuchado antes el sentimiento de un eterno romántico. Extraña algo que nunca tuvo, porque esa es la naturaleza romántica, sufrir, acongojarse, no sólo por lo que fue, sino por lo que pudo haber sido. Encuentra en el dolor su rincón en el mundo. Así es como se siente uno cuando se cruza con un ángel o una diosa a la cual no se atreve a confesarle su amor. El desagradable sufrimeinto mudo de una cosa que no fue.
Haciendo un análisis lo más objetivo posible, creo que conozco más ángeles que diosas. Definitivamente es así. No creo haber visto muchas diosas, así como tampoco creo que las haya.
Una última reflexión empírica de este humilde servidor para cerrar esta publicación de una forma muy personal: un ángel puede, fácilmente, eclipsar a una diosa. Y Ella sabe bien porqué... te quiero.
