El otro día leí que las empresas, cada vez más, están buscando datos de sus aspirantes a puestos en sitios sociales de Internet. Aseguran que les ayuda a conocer los pensamientos del pasante, y si sus objetivos son compatibles con los de la empresa.
Casi no es necesario decir que daba ejemplos de aspirantes que fueron rechazados por publicar en sus blogs o en sus spaces, sus locas osadías sexuales, riñas nocturnas, pensamientos y fumatas con amigos.
Obviamente esto me puso a pensar (no en mí, sino en el porqué). ¿Acaso el departamento de Derechos Humanos de tu empresa no es capaz de filtrar gente con un buen sistema?, ¿tan malos son que tienen que recurrir a los espacios que brinda Internet para publicar datos autobiográficos (y no tanto) de la gente común y mediocre del mundo?.
Quiero decir, yo sé que si lo publicás en Internet no podés pretender privacidad. Eso lo sé y lo entiendo. Lo que me surgió también fue el hecho de decir “pero por ahí o lo inventaron, o están alardeando sobre algo que no hicieron, o agigantaron algo que sí hicieron…”. No veo la razón de rechazar a un postulante por las cosas que puede publicar en su web. Y mucho menos asumiendo que TODO lo que dice o escribe es absolutamente cierto. ¿Si no influye con su trabajo, en su desempeño laboral, podríamos tildar a este tipo de actitudes de discriminatorias?. No, no creo que sean discriminatorias, ni tampoco segregación (“separar y marginar a una persona o a un grupo de personas por motivos sociales, políticos o culturales” – RAE), pero es evidentemente injusto.
Inclusive llegué a plantearme la posibilidad de que los webs de los postulantes puedan ser un escape, una fuga a esa presión de la vida laboral. Una forma de desahogarse para que alguien entienda o comparta algo de lo que él hace. Ojo, puede que no. Pero no importa, la posibilidad existe.
Aparte este tipo de actitudes te llevan a actuar como un paranoico. No podés escribir ni publicar nada libremente, porque puede ser que afecte tu elección en un puesto de trabajo en el futuro. ¿Ven?. Honestamente no me parece. Al final terminamos todos como en Minority Report: ultravigilados.
Todos sabíamos que iba a llegar en día en el que el anonimato que brindaba Internet, ese refugio infranqueable en el que se ocultaba la gente para decir y hacer cosas que la vida en comunidad no le permitía porque eran socialmente inaceptables, finalizase. Pero me parece una exageración tomar las publicaciones de un web como un rasgo distintivo e intrínseco en la personalidad de un postulante. Llevando esto a una condición eliminatoria.
Creo que si las empresas no pueden contratar empleados sin recurrir a esta técnica, yo chequearía los webs de sus propios empleados (sobretodo la parte de Derechos Humanos y la gerencia), porque evidentemente algo anda fallando. No me parece ético excluir a una persona de una posibilidad de trabajo por sus actividades extracurriculares, asumiendo que son un rasgo que el postulante reprime en su vida social y productiva.

