
Érase una vez, hace poco tiempo en un lugar no muy lejano un profesor de aspecto escuálido, ojos cansados, espalda curva, frío en el alma, sobretodo, bufanda y un espíritu vivaz. Sin mencionar su pasmoso parecido con el Dr. Chapatín, personaje creado por Chespirito para su atemporal serie El Chavo. Su única diferencia es la bolsita, que nunca la trajo y que tenía el pelo más corto, pero el bigote y los lentes son iguales (de aquí la foto que ilustra este post).
Es un hombre que tiene el reloj atrasado, porque (sorprendentemente) siempre llegaba entre las siete y veinte y las siete y cuarto, salvo contadas excepciones que llegó tempranísimo (a las siete y diez) ha sabiendas de que la clase empezaba a las siete. Digo que tiene el reloj atrasado porque jamás de los jamases lo vi apurarse ni siquiera un poquitito.
No puedo dejar de destacar otra de sus características típicas: su forma de tomar lista. Es casi innecesario decir que cuando el profesor entra, y hasta que se arma la clase hay un griterio espantoso. El señor, muy vivo, empieza a tomar lista bajiiiiiiiito y a un ritmo constante. Obviamente, después tenía que volver sobre los supuestos ausentes, para ver si no se había pasado a nadie, hasta que a mitad de cuatrimestre se enojó y dijo que “el que no escucha se embromaba”. Se aplicó nada más que un par de veces. Nada extraño para una persona con carácter débil, que no sabe dirigir una clase.
Su infaltable suéter rojo era otra característica distintiva de este curioso personaje. Honestamente desconozco si tenía solo uno o eran varios del mismo color. De todas maneras no me importa porque parecía que tenía puesto siempre el mismo.
También puedo nombrar, como otro punto sobresaliente, que tenía la manía de sacar las cintas scotchs del pizarrón con las que habían pegado carteles las agrupaciones políticas que se desempeñan en la facultad. Interrumpía sin decir nada la clase, y se ponía a analizar, como si estuviera mirando por un microscopio, donde estaba la puntita de la cinta, para poder sacarla. El hombre se tomaba su tiempo. No conforme con eso, cuando sacaba la cinta, la arrugaba y la tiraba al suelo… como si nadie lo viera!. Monumental, simplemente extraordinario.
Capítulos aparte merecen el día del examen final y su ayudante de cátedra (v. ANEXO I y II).
Pero ahora vamos con la segunda entrega de frases de un profesor/personaje de la facultad (recordemos el post FRASES MARKSISTICAS, publicado el 20 de diciembre de 2005), ayudadas (para su mejor comprensión) de una breve explicación:
PATAPÚFATE!: expresión utilizada para significar cambio repentino de política económica de un Estado.
APLAUSOS!: cuando felicitaba a alguien por algo que había hecho o descubierto. Muy utilizada en el año.
METER EL DEDO EN EL ENCHUFE: sobre políticas económicas riesgosas ya anteriormente aplicadas en nuestro país con nefastos resultados.
OJITOS ECONÓMICOS: método sugerido por el profesor, para que miremos todo desde otra perspectiva en la materia (ya que somos estudiantes de derecho).
HUELE A NAFTALINA: sobre políticas económicas viejas.
CORTOCIRCUITO: vaya uno a saber que quiso decir con esto…
CHICOS… SILENCE!: primer atisbo de enojo a semanas de terminar las clases. Quiero recalcar el touch que le impone el idioma inglés.
HAY UN CHISPORROTEO: sobre la insinuación de industrialización forzada que tuvo que hacer la República Argentina en determinados períodos históricos.
LOS BIN LADEN: en referencia a la familia Laden.
PARA COBRAR LOS ADICIONALES HOY HAY QUE HAMACARSE: … mírenlo con ojitos económicos, por ahí lo entienden. Porque yo no lo agarré, pero lo anoté porque mi instinto me decía que no la podía dejar pasar.
TRATAMOS DE PONERLE UN TOQUE LOCAL: viendo la economía aplicada a la realidad, más específicamente a Argentina, más específicamente a Rosario, más específicamente a heladeras (la gente de la facultad sabe de que hablo).
HAY QUE HACER QUE DUELAN LOS CACHETES (del culo) DE TANTO ESTUDIAR: recomendación para el final. Muy sincera, pero poco efectiva.
PORQUE LA CEPAL…: la Comisión de Estudios Para América Latina tenía una opinión para todo. O por lo menos así lo hacía parecer él.