jueves, 18 de mayo de 2006

VIDAS PASADAS

No sé como explicar mi fascinación con la música pop/glam de los ochenta. Últimamente llegué a pensar que soy un tecladista frustrado de una de esas bandas de cabello batido, ropas ajustadas y voces y coros en falsete. Un tipo metido muy adentro en el mundo de la música que murió de sobredosis. Sé que no tiene sentido, pero es factible si son medios místicos y creen en las vidas pasadas, cosa que yo no, pero siempre es bueno tener un escape por donde explicar fetichismos actuales.
Muy seguramente seré criticado, porque no puedo probar lo que digo, pero hay dos razones que me alientan a decir lo que dije. Una es que no me importa lo que me puedan criticar, y yo digo lo que se me canta; y la segunda, a Freud nadie le rompió demasiado las bolas cuando creo la teoría del inconsciente, una teoría que se utiliza hasta el día de hoy y que sigue sin sustento. Por esto es que me tienen sin cuidado los planteos que se puedan hacer.
Es raro que me vea a mi mismo en el medio de la década del ochenta, subido a un escenario con una neblina causada por hielo seco en un balde de agua, un juego de luces multicolores moviéndose como epilépticos en medio de un ataque, un pequeño castillo de teclados con diferentes efectos, el pelo batido a más no poder, maquillaje (mucho maquillaje, sombras, delineador, pintura para uñas), un pañuelo colgando atado de la muñeca derecha, un micrófono para hacer coros (sí, hasta en mis sueños soy un tipo humilde, no me imagino como un cantante/tecladista líder), amplificadores Marshall, un público lleno de minas (y tipos) con los pelos batidos cantando esas letras locas (en inglés, el glam es en inglés… desafortunadamente el idioma más lindo del mundo). El alter show con excesos, chicas, más teclados, más chicas, alcohol, cocaína, heroína, LSD y KISS de fondo.
Vamos, quien no ha soñado alguna vez.

miércoles, 10 de mayo de 2006

LA ETERNA BARRA

Es eso que siempre está. Ese lugar donde nadie es nadie por elección. Es el rincón del pensamiento profundo, un lugar donde nadie puede llegar por más que lo intente toda la vida. Cuando uno se sienta en la barra y pide, el mundo se detiene, por más que el tiempo siga, no se mueve para nosotros. Es ese tiempo donde ya no se es y se analiza lo que se fue. Donde las acciones pasadas entran en un remolino de pensamientos que van a borrarse con el próximo trago de lo que se haya pedido. Es ahí donde todo vale, no hay secretos ni distracciones con uno mismo. Estar sentado en la barra es sentarse a mirar lo que pasó en la vida de uno con ojo crítico. Es ahí donde se hacen los análisis más profundos, aunque uno no lo sepa.
La barra, como concepto abstracto y concreto, no está ausente en la vida de nadie. Es más, siempre, pero siempre está: es tu amiga en la soledad, el lugar donde atiende el consuelo las veinticuatro horas del día. Tal vez, el hecho de sentarnos en la barra sea símbolo de madurez – o de vejez, o de lo que quieran – pero todos nos sentamos. Todos. No hay salida, no hay escapatoria.
Una vez que nos sentimos satisfechos con lo que vimos, con lo que pensamos, con lo que fue, ponemos la frente en alto y una sonrisa se nos escapa, como contenida, para reflejar la satisfacción del deber cumplido. Ahí es donde el tiempo empieza a moverse otra vez, cuando nos entendemos mejor que nunca. Y es por eso, que los mejores encuentros son los pasan en las barras, porque ahí la gente se conoce como es, no hay máscaras, no hay disfraces, sólo está la barra.

CARTA ABIERTA A QUINTIN TARANTINO

Querido Quintin:
Me encuentro hoy escribiendo esta carta abierta en este espacio en la red, para dirigirme a tu persona con el objeto de hacer llegar mi sentimiento de desilusión al enterarme que no vas a dirigir un bioptic de un gran ídolo como es Jimi Hendrix.
Una vez exteriorizado mi sopesar, también quiero dejar algunas cosas en claro para que no dañen nuestra amistad en un futuro:
1) Me gustaría que cuando corran rumores pelotudos, como por ejemplo el hecho de dirigir un bioptic de Hendrix, me los confirmes lo antes posible para no publicar walrasiadas en mi blog, ya que se ecuentra en juego la reputación de un escritor/periodista cibernético de mi nivel.
Aclarados los puntos anteriores, no me queda más que despedime con un sincero abrazo y dejarte un afectuoso saludo.
Adiós y hasta siempre.
B