Siempre, desde que tengo memoria, el ritual es el mismo. Cuando ella aparece en el boliche es el momento en donde el tiempo se congela. Es ese pequeño fragmento de un instante, en donde todos los ojos tienen una sola dirección. A partir de ahí, se convierte en objetivo. Se convierte en objetivo para todos, porque en ese pequeño instante creemos en los milagros. A partir de ahí toda la noche es diferente.
Esperamos, esperamos, esperamos para adivinar el preciso momento en donde los planetas se alinearán y ahí, recién ahí, vamos a probar. Todos pensamos que sabemos cuando es ese momento, pero la verdad es que ninguno tiene idea. Lo confundimos con el momento donde nos sentimos con muchas más agallas que de costumbre, y nos lanzamos porque ya no nos importa que va a pasar. Y entonces, cuando recobramos la conciencia estamos en plena pelea. Y nos damos cuenta de que estamos en bolas, pero no nos importa, porque nos sentimos con las bolas más grandes que de costumbre. Pero ahí es donde ella tira toda la confianza y las agallas que te contó tanto juntar durante sólo vos sabés cuanto como si fueran un castillo de naipes mal construido. Poco a poco te vas dando cuenta de que tiene la peor mezcla que puede existir sobre la tierra: ternura, maldad y belleza. Ese cóctel fatal de inocencia, dulzura y malevolencia. Te seduce (inconscientemente) con el simple objetivo de rechazarte, porque lo único que quiere probar es que todavía sirve para mantenerlos en la palma se su mano cuando ella quiera.
A medida que las horas pasa, las medidas se tornan más desesperadas y alocadas, influenciadas por la ingesta de alcohol. Viendo la impotencia del ataque personal, se disponen a atacar en manada, para tratar de amenazar a una especie que es mucho más peligrosa que todos ellos juntos. Los rechazos continúan con sonrisa, miradas esquivas, caminatas escurridizas, y los cadáveres de guerra se amontonan como las hojas en el otoño. Todos van a batallar, algunos con la ilusión de ganar, otros con la utopía de no perder. Pero no importa que es lo que hagas, ella no te va a dejar ganar o no perder. ¿Porqué seguimos exponiéndonos así?, ¿porqué le dejamos ver que es nuestra debilidad apenas cruza el marco de la puerta?. Pero vamos a seguir así hasta que entendamos que no va más, que así no se puede seguir. Cuando entendamos que ella… ella baila sola.
