lunes, 7 de mayo de 2007

APRENDER A NO OLVIDAR

Hoy llegué a mi casa tarde. Llegué y me dolía la cabeza. Me dolía como el demonio. Primero sentía que un taladro quería entrar por mi parietal derecho y salir por el izquierdo, nada más que no podía y se quedaba en el medio. Después de eso me empezó a doler toda la cabeza como si tuviera una manada de rinocerontes en celo corriendo por el África. Pasado eso, sentía como un pulpo adiposado a toda la cabeza. Rara sensación si las hay.
El punto no está en todo eso. Mi verdadero motivo detrás de este escrito es defragmentar lo que yo creo que fue la verdadera causa de mi jaqueca. Tal vez no lo haya sido, pero es un lindo —y bastante común— chivo expiatorio: el estudio. No es que me haya pegado *la* estudiada hoy... de hecho facultié menos que de costumbre. Pero creo que esas pocas hojas que leí fueron suficiente para desmoronarme. No sé si será de debilucho o por cansancio acumulado, pero estaba casi muerto.
Esto es lo que causa el estudio, no sólo en la etapa universitaria, sino también en años anteriores —no en mi caso, pero conozco algunos—. Esas casi-personas que son la mayoría de los profesores proclamando la importancia única de su materia por sobre las otras me hace vomitar. Son personajes que olvidan con facilidad de donde vinieron. No recuerdan sus períodos de alumnos y olvidaron lo que se siente tener más de las materias que uno puede manejar.
Pero lo más triste de toda esta historia no es eso, sino que hay algunos que somos benevolentes y creemos estas cosas. Entonces, a pesar de sabernos incapcaces, tratamos de mantener el mismo gran nivel de excelencia en todas las materias a costa de horas de sueño, dolores de cabezas, náuseas, temblores o la muerte. Es en ese momento, donde uno finalmente cede ante la presión, en donde ellos ganan. *Ellos ganan*. No. Eso no se debería permitir bajo ningún tipo de circunstancia. No puede ser que se abusen de un poder que no tienen y jueguen con tu salud psicológica. Hay gente a la que *realmente* le importa lo que el profesor tenga que decir sobre ella y quiere ser tratada como un ser humano. En ese momento brotan la sensibilidad y las lágrimas, todo sazonado por un amargo sabor a impunidad e impotencia. Inclusive ya, cuando te dan ganas de llorar... ellos ya ganaron. Se abusaron de ese poder fruto de su delirio, que les dice que tienen la potestad de decidir el destino de un estudiante para bien y para mal. Y como creen tener esa potestad se ponen en una relación de jerarquía, cuando claramente la educación debería ser una relación de iguales y no de jerarquía y mucho menos de abuso.
Esto hace que gente retorcida de más como yo empiece a pensar que los docentes que actúan con las características antes mencionadas vivan en una cárcel, la cual consta de dar año tras año lo mismo, casi sin modificaciones, y que su único disfrute sea generar sufrimiento e inseguridad en los alumnos de ese año. Una actitud que a las claras evidencia la falta de vocación de enseñanza y un patético complejo de inferioridad, pues seguramente y tiempo después muchos de esos alumnos será enormemente más grandes que sus profesores en cualquier cosa que hagan... inclusive si son profesores.
Yo sostengo que el sistema educativo se retroalimenta de amnesia, porque la gente que estudió libros enormes, interminables y complejos se ensaña por alguna razón en escribir libros aún más enormes, interminables y complejos, sabiendo que en su momento detestaron eso. Lo mismo pasa con los profesores, porque olvidan que tuvieron profesores que se creían dioses y jugaban con sus alumnitos como si fueran piezas de un ajedrez hecho de papel de diario y vuelven a repetir la historia. Vuelven a caminar el círculo. No avanzan, no evolucionan y marean al sistema corriendo en redondel.
No dejemos que nos ganen. Hagamos que nuestro tiempo valga. Estudiemos pero no muramos en el intento, porque si salimos vivos de esta tenemos toda la vida por delante para pelear con los contratiempos que nos traerá el trabajo, que no serán pocos.
Pero sobre todo... *sobre todo*, si alguno de nosotros termina nuevamente reinsertándose en el sistema educativo NO olviden su estadía como alumnos. No tomen decisiones arbitrarias desde un solo lado: hablen, consulten con sus alumnos, facilítenles las cosas lo suficiente como para que sea realizable en forma real y recuerden no esperar más de ellos que lo que ustedes mismos hubieran dado en esa época. Si quieren más, incentívenlos... pero nunca abusen de su lugar ni del silencio del alumno, porque alguna vez ustedes también estuvieron ahí y también son bien conscientes de que lo que están haciendo a ustedes también les hubiera roto las bolas.
Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket