viernes, 27 de abril de 2007

LA ESCENA DEL BAÚL

Si se los cuento, muy probablemente nadie me crea y piensen que es producto de mi exótica imaginación, pero les juro que pasó así.
Eran casi las ocho de la noche si mal no recuerdo, aunque no miré el reloj puntualmente antes o después del suceso. La cosa es que estaba yo sentado en un banco de una plaza con la mujer más linda del mundo, una mujer de ojazos azules, un hermoso pelo ondulado rubio, una nariz perfecta, una boca que esconde una sonrisa que hipnotiza, y un alma y un corazón tan grande que tal vez mucho de los escritores más malditos que rondamos la literatura nunca lleguemos a comprender.
Estaba yo con ella, y veo (¿vemos?... no me acuerdo si vio justo esto) que estaciona un auto. Era un Volkswagen, pero no recuerdo si era un Bora o un Polo. Si me acuerdo del color, un gris plata. Se baja un vago del asiento del conductor, un pibe... no tendría más que nuestra edad. Hasta ahí todo normal. Da la vuelta por atrás del auto y se para en el baúl. Nada anormal por el momento, podría sacar cualquier cosa del baúl... pero no imaginé que iba a sacar *eso*. Nunca pensé. Bah, en realidad no sacó nada del baúl: cuando abre el baúl sale un perro negro enorme, de esos que tienen los tipos que quieren dar miedito. Pero les juro que el perro era tan grande que debe haber ocupado todo el baúl. TODO el puto baúl. O por lo menos a mí me pareció eso.
El muchacho traía al perro en el baúl del auto, para pasearlo en la plaza para que haga sus necesidades. Lo raro en esta situación —y creo que coincidirán conmigo— es que el perro venía *en el baúl*. No es que tenga nada contra esto, simplemente es un tanto *atípico*, porque la mayoría de las personas transportan a sus perros en el asiento de atrás del auto —y este auto venía nada más que ocupado por el conductor—. Se me hace que la mayoría de la gente trata a su perro como un integrante más de la familia y no como una persona secuestrada. Si lo viera greenpeace tal vez le cortaría las bolas y se las daría de comer a los lobos.
Cuando se bajó a pasear al animal, mi amor lo reconoció y me dijo que era uno de los tipitos que milita en una de las agrupaciones que *engrudan* la facultad. Casualmente la que ganó este año.
Este último párrafo no es más que un simple dato anecdótico, pero quiero dejarlos con la intención de que reflexionen sobre este hecho porque es un tanto raro, un tanto inusual me parece. Si alguien más conoce de esto, o inclusive dice que es una práctica habitual, por favor háganmelo saber porque entonces no estoy muy al tanto de los últimos métodos pedagógicos para con los animales. Muchas gracias.
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