Otra vez empezó la lluvia, y creo que ni Dios sabe cuando parará (lo cual me recuerda a mi promesa incumplida sobre MI PROPIA RELIGIÓN)... porque el servicio meteorológico, ya me demostró sin lugar a dudas que mucho de su materia no entiende. De onda, eh.
Anoche la escolté a mi hermana hasta la casa de una amiga a cuatro cuadras de mi casa, y cuando salí noté que lloviznaba y mi hermana ya putió. Ok, es cierto, yo también quería putear pero hombre preparado vale por dos: tenían paraguas. Nos amontonamos debajo del paraguas y empezamos trecho. Pero que pasa, la llovizna que había anoche era la peor clase de llovizna que existe. Es de ese tipo de llovizna que no cae, que parece que está suspendida en el aire buscando el mmomento exacto para mojarte, que no podés evitar que te empape porque está en el aire, no importa que tan grande sea tu paragua.
Por esto, ambos llegamos húmedos hasta la casa de Carolina —la susodicha— y para cuando volví a mi casa, me tocó mojarme otro poco.
Ni hablar de como quedaron los lentes, porque es como ir en auto cuando te ponés los lentes aéreos y empieza a llover (o lloviznar, como en este caso) se te empieza a nublar la visión y todo se te deforma. La única diferencia es que *no tenés limpia-parabrisas* entonces tenés que andar secándote los lentes cada dos putos segundos. Maldita lluvia.
A mi me gustan los días de lluvia, pero tanto no es muy bueno que digamos. No por lo menos hasta que deje de estar enfermo y consiga un imperbeable como la gente para poder salir a enfrentar este clima sub-tropical más o menos como corresponde.
