sábado, 3 de marzo de 2007

NOTICIAS DEL MUNDO

11.00 me despierto, sólo. “¿Porqué?”, me pregunto, “si ayer me acosté como a las 4.30 AM”. Ensayo una respuesta, así en ese estado medio moribundo en el que me desperté: “porque hace más de 6 meses que venís durmiendo 6 hs. o menos. El cuerpo se acostumbra, pibe”. “Tengo razón”, concluyo.
Me levanto a las 13.00. En mi casa sé que no hay nadie porque se fueron a Casilda a comer. Llueve, que lindo. "Tengo hambre": directo a la cocina. En el vistazo, veo pizza fría. Adentroooo. Rica. Era casera, pero tenía morrones… puaj. Para comer no ensucié nada, sólo un cuchillo. Ni siquiera un vaso. “croto”, me digo… ja.
Todavía dormido —me llevó 10 mins. comer— voy al baño y pienso en Ella, mi amor, y me recuerdo cuanto la amo. El reflejo de la ventana me devuelve un tipo sonriente, que sin darme cuenta soy yo. Tanto pensar y recordarme cuanto la amo, me llevo puesta la puerta del baño que estaba cerrada. Maldigo a Dios por no avisar vía fax que la puta puerta estaba cerrada. Me olvido y de nuevo Ella con voz de ángel: “desinféctate los aros” me dijo. Menos mal que me acuerdo de las cosas que me dice cuando pienso en ella, porque sino por mí se me hubiera caído la oreja hace varios días. “Soy bruto y distraído”… je.
Me hago un café y pongo música. El aleatorio del WMP me sorprende con Aire de Estelares. Café en mano miro la lluvia y pienso que mi amigo el frío se acerca. El día es medio triste, medio gris y la letra de Aire no ayuda: “y hoy estás radiante como NY… y yo estoy pensando en otro lugar”. La dejo correr, y me planto frente a la ventana. Después viene Crystal Eyes de LA Guns: otro tema gris. Lindo día de tristeza. Sigue El Bordo con Cansado de Ser. Tema melancólico si los hay, con frases como “las disculpas no cuesta aceptarlas, me cuesta saber perdonar”, o el estribillo “y vuelvo a despertar cansado de estar tan cansado de ser”, o el estribillo “y olvido que traigo conmigo canciones y amigos/tu alma es ahora mi estrella/… el dolor ya no hace mal”, o “me acuesto en la cama que un día la ropa te supe robar”, o la bajada antes del más melancólico solo de saxo “quiero amanecer que mañana no soy si no tuve tu ayer”. El día se va entristeciendo. Me está poniendo mal, y para rematar el aleatorio —“ya no tan aleatorio a esta altura, creo yo”— me despide con Under the Bridge, la canción que escucho cuando siento que nadie me entiende. No me causa. Termina Under the Bridge y cierro el WMP.
Me llama mi vieja para que saque la ropa seca y tienda la lavada. “Ok, má”. Para inspirarme y hacer menos penoso el momento pongo el DVD de Clapton, el último, y me pongo a ejecutar mis quehaceres.
Dos canciones, eso es lo que tardo en hacer lo que se me solicitó. Bell Bottom Blues y Badge. Escuchar a Eric Clapton siempre me recuerda que no sé tocar la guitarra y que posiblemente nunca aprenda —mención aparte para la parte vocal—, y también me recuerda que el blues —ese blues lento, meloso, lastimoso— es el que podés escuchar a todo trapo y seguir diciendo: “yo escucho rock”, sin pensar en el interior que la gente cree que sos un hipócrita.
Me pongo al lado de la ventana y pienso en una fogata hecha con manuales de Derecho, para darme calor. Me río de mi mismo y me acuerdo que me prometí ver algo de Reales. Sin más, me puse y casi-casi termino la unidad 1. Me sentía motivado, quien sabe porqué. En el medio hablé con F, que se va a volver loco, porque todavía no tiene teléfono y por su consiguiente tampoco tiene Internet.
Pienso en el día de ayer y mi vieja sorprendiéndose ante mi peso, porque fui a la nutricionista y me pesé *como corresponde*. Me dice: “prométeme que mañana vas a comer”... jajaja. De repente soy “b el anoréxico/bulímico/adicto al ejercicio”... jajaja. Me causa gracia. “Te estás pasando”, me advirtió. “Tal vez”, le digo, “pero me quiero mantener en este peso”. Sé que le quedan dudas en su interior, pero a mí no. *Funny-funny-funny*.
Me siento sucio y decido ir a bañarme, primero chequeo los mails. Uno… sólo uno: FL. Empiezo a pensar que es un ser humano demasiado bueno como para ser de esta república… bueno, de hecho no es de esta república, ja!. “Puta madre!, se me pasó la pastilla”, me acuerdo. “Bruto y distraído hasta el final”. Tomo la pastilla dos horas tarde. La concha de mi madre.
En el baño me acuerdo del episodio de “b el anoréxico/bulímico/adicto al ejercicio” y me miro en el espejo que me refleja (mucho) más delgado, pero no *demasiado flaco* como escuché decirme por ahí. Empiezo a creer que a la gente le da pánico el cambio repentino.
Estoy medio enfermo, así que pongo el agua caliente-caliente. Nadie me apura afuera. Paz, tranquilidad… tiempo. El vapor del agua caliente y el sauna del baño me hacen bien a la asquerosa congestión que tengo. Ya no me duele todo el cuerpo, solo los brazos, los hombros y los dorsales. Salgo limpio, casi esterilizado. Me tiro en la cama un rato (tengo sueño, pero sé que no me voy a dormir, porque últimamente viene pasando así) y me levanto porque tengo ganas de escribir. Me siento y contemplo la quietud del hogar. Me gusta la quietud de hoy y ya me están empezando a doler las piernas, mientras tanto de fondo: “y olvido que traigo conmigo canciones y amigos/tu alma es ahora mi estrella/… el dolor ya no hace mal”.