sábado, 10 de febrero de 2007

SITUACIONES COTIDIANAS

How funny love can be?

Eran apenas pasadas las siete de la tarde. Estábamos en una sala de espera para ver a un médico. Ellos y yo. Ellos no sabían de mí, pero yo si de ellos. Hacía unos minutos no estaban los dos. Estaba él nomás. Estaba hablando con otro hombre, seguramente de negocios por la pinta del segundo. Llamadas por celular, chombita adentro, posición y modales correctos, así era él: un tipo correcto.
Su interlocutor de unos cuantos años más que él se retiró. Estuvo solo un par de minutos. Después de un rato llegó ella. Una chica delgada, esbelta y de sonrisa cálida. Llegó llena de amor. Se notaba a la distancia que eran novios, pero no por él sino por ella. El la recibió muy correctamente con un beso breve (y casi desabrido) tomándola de la mano, como todo buen caballero. Era tan correcto que parecía falso, hipócrita, mentiroso. Pero yo quería creer que no era así. Elegí creer que no era así, sino que era verdadero.
No podía sacarles los ojos de encima. No me molestaba que se dieran cuenta de que estaba mirando. Se ve que había una ocasión especial de por medio, porque ella le trajo un regalo: una pequeña bolsa de Fluid. El miró con cara de incrédulo el regalo, como diciendo que no hacía falta, pero lo agradeció con un beso y una caricia. Ella lo miraba con ojos de cachorro. Se notaba que estaba profundamente enamorada de aquel sujeto. Pero lo que me llamó la atención (y dio aviso a mi bronca) es que el sujeto no parecía corresponder con la misma moneda, y no estoy hablando del regalo precisamente. No digo que no la amase, pero parecía muy preocupado en mantener su buena compostura y socialización correcta ante todo. Hablaba despacio para no ser oído por los demás, siempre con una sonrisa en el rostro. Ella estaba enamorada, pero se notaba en su forma de actuar, en su expresión que siempre quiso más que el hombre que está a su lado (sin ánimo de ofender) y pensó que lo podía obtener. Intuí que en el fondo ella se sentía defraudada y desafortunada, aquel no era el que ella pensaba que era… o quería que fuera.
Se notaba el amor, pero se notaba también la distancia y el abismo entre los deseos de uno y otro. Amor verdadero por un lado, imposición social por el otro. Soy plenamente consiente de que puede sonar altamente homosexual, pero me puse triste al ver eso. Parecía que ella sabía que no ocupaba el lugar que debería, pero parecía no importarle, o mejor dicho aceptar eso. Porque es ÉL y no otro. Me dio una sensación rara eso.