sábado, 8 de septiembre de 2007

La Luz de la Ventana

Cuando empieza a anochecer y el sol no se deja ver, no queda más que prender la luz. Como buen tipo solitario y colgado que soy desde siempre, me tildo mirando los departamentos con luces prendidas. Cuanto más de noche sea, mejor. Es como que se ve más.
No sé porqué será esta cosa tan particular. Tal vez me recuerde a cuando mi familia (que eramos cino) vivía en calle 9 de Julio en un modesto apartamento. Puede que sea una reminisencia de esa época. No lo sé la verdad, pero tengo recuerdos de niño mirando a los departamentos con las luces prendidas y las ventanas abiertas. Más de un morboso, seguramente está pensando que lo hacía por buscar acción amateur entre parejas, pero no es así. Aunque no me crean, quiero dejar en claro ese punto.
Es raro ver como me cuelgo mirando para arriba cuando voy caminando de noche. Me es como inevitable. Forma parte del curso natural de mi caminata. De repente me encuentro saltando de ventana a ventana con la vista clavada en los mobiliarios o las cortinas, o las personas que se mueven adentro, o en busca de alguna persona que se mueva. No estoy muy seguro de que es lo que pretendo encontrar mirando fijo y curioso como sé que lo hago, pero nunca lo debo haber encontrado porque sino no seguiría mirando.
Por un segudo me voy de la realidad y mirando cualquier ventana me encuentro imaginándome adentro de esa construcción, con esa luz, todo chiquitito con el techo pegado a la cabeza y las habitaciones unas muy cercas de las otras. Pienso como sería mi vida ahí, y me imagino a la gente que vive dentro aunque no la conozca o no sepa cuantos son. Imagino sus caras sonrientes alrededor de la mesa con una comida típicamente mataarterias como es la milanesa frita con papas fritas en una escena cuasi-yanqui. Imagino, o veo tal vez, una sonrisa sincera y desinteresada desprovista de toda malicia o formalidad. Creo que detrás de aquellas cortinas y más allá de esos vidrios, la gente que vive en ese departamente es feliz. Sí, me imagino un mundo feliz detrás de cada cuadradito de luz que se ve en la oscuridad. Tal vez sea parte de una utopía dentro de esta distopía. Sin embargo me agrada pensar que la gente ahí es feliz. Que tiene algo que no tiene en ningún otro lado. Encuentro en eso un refugio pasajero y una sensación de comodidad. Me brinda calor en la calle saber que alguien que está adentro calentito disfrutando de su hogar.
En ese momento me descuelgo de mi mismo y trato de no comerme ningún poste de luz por ir mirando para arriba como un boludo de profesión y entonces por dos o tres cuadras me olvido de las ventanitas, hasta que se vuelvo a caer, y la magia de los cuadraditos brillosos me vuelve a absorver.
BRUNO.-