La noche se avecina y tu cordura se pierde con la luz del sol. La gente no es más que gente, y las horas no son más que tiempo. Hay un sentimitno que te abstrae, que te saca, que te aleja sin pedirte permiso. No te querés alejar, no podes, no te conviene, pero nada podes hacer. Te vas recluyendo, encerrándote en vos mismo. Estás, pero no. El torbellino te arrastra hasta un costado, y quedás con la guardia baja. Sos vulnerable: cualquier cosa te puede hacer mal... mucho mal. Es ahí, en ese instante en donde decidís pelear para volver en vos. Pero te das cuenta de que estás apoyando la sien contra la pared, con los ojos perdidos y vidriosos. Sabés lo que pasa, pero no querés, no podés decírselo a nadie. Aunque tal vez todos lo vean, vos no vas a confirmar nada. Ya te diste cuenta de que estás así, pero no querés revertirlo. Hay algo en esa situación que te gusta, una sensación de que algo falta.
Frotás la sien contra la pared cerrando los ojos. Estás más vulnerable que nunca. Abrís los ojos y te das cuenta lo que pasa. Esperás que la pared te devuelva el gesto, te acaricie, te cuide. Pero sabés que eso no va a pasar. Así como sabés eso, sabés que no es la pared a quien vos te imaginaste en un principio ahí. Sabés que es ella, la única que te puede devolver una mirada, una caricia o un beso con el mismo amor y con la misma espontaneidad con que vos se los diste. Tus ojos se van y la mente se te llena de recuerdos. Los cinco sentidos se abren y empiezan a recordar. Todo se siente como la primera vez: los labios, los mimos, los sentimientos. Todo eso vuelve en un segundo, todo junto.
De repente te golpea la realidad, y decidís rearmarte. Ella está en algún lugar pensando, muy seguramente, lo mismo que vos. No estás solo. Tu mirada vuelve a ver, y tus sentidos se vuelven a dormir. Te alejas de la pared (despacito, porque seguís pensando que es ella), te parás y te vas a buscar una cerveza. La noche está por la mitad y ya te hace falta. Tenés que sobrevivir... por lo menos esta noche.
Camino a la barra, la sonrisa no se desdibuja, y ella no se fue del todo. Su fantasía sigue ahí. Sigue ahí como siguen los besos, las caricias y las miradas.
