LA AYUDANTE FANTASMA DE LA CLASE INSUFRIBLE
A ver… algunos pensarán que fui un poco duro en el título, pero espero que al leer las líneas siguientes entiendan mi punto de vista y lo puedan ver desde mi ubicación.
Corría la segunda clase (o tercera, no recuerdo con precisión) y estábamos ya entrada la mitad de la hora, cuando el profesor chapa, en medio de una frase, interrumpió y volvió hacia una chica que había visto la primera clase, y me había llamado la atención lo callada y retrotraída que era, pero pensé ‘tal vez ninguna amiga se anotó con ella’. La miró, y dijo: ‘¿ya les presenté a V?. Ella es mi ayudante de cátedra’. Ah, bueno. Como para no decir que era un fantasma. El mismísimo profesor chapa se había olvidado de presentarla la primera clase (en la cual estuvo presente -¿?-)… ¡a su propia ayudante de cátedra!. No tiene nombre.
A medida que fueron pasando las clases la vi un par de veces en la facultad, siempre sola. Caminando con su carpeta pegada al pecho, siempre el mismo peinado, ni un cruce de palabras con otro ser humano. Una cosa rarísima, pero verídica.
Hasta que un día, lo inesperado pasó. Chapa dijo: ‘bueno, V va a hablar un poco sobre tal tema…’. ¡Chan!. ¡Wow!. ¿Hablaba?. Sí. Entonces el profesor muy gentilmente le cedió su silla y el escritorio, y ella se acomodó bien en el medio, con los codos sobre la mesa y las manos juntas en el medio, y un papel que servía de “machete”. Respiró profundo y empezó.
No me daba la mano para copiar tanta información. Parecía que tenía un cassette que iba a doscientos km/h. No lo podía creer. Calmate. Nadie te corre, se supone que nos enseñes, no que nos dispares con información.
A los 45 segundos de empezado el monólogo: ‘bueno, y esas son TODAS las teorías económicas’. ¡¿QUÉ?!. No puede ser. Nadie escupe tanta información en tan poco tiempo. Fue un flash informativo (onda noticiero), no fue una clase didáctica de aprendizaje. ¿Pero que le podíamos decir nosotros?... nada, porque chapa dijo: ‘muy bien. Gracias, V’. Después de eso, volvió a su estado natural: la intrascendencia.
Sus intervenciones en clase se limitaron a dos flashes informativos (si mal no recuerdo) a los cuales el profesor llamaba ‘clases’ y a risas de chistes económicos que hacía el profesor y que nadie entendía por dos factores fundamentales: uno, chapa no tiene gracia para contar chistes… más bien como que él es el chiste; y dos, nadie llevaba la materia al día así que nadie entendía un carajo de nada.
Este es el último anexo para dar por finalizado el capítulo del Profesor Chapatín y su ayudante El Fantasma. Espero volver a leer esto dentro de unos años y reírme como me río ahora y añorar el tiempo pasado (que siempre fue mejor).
