miércoles, 12 de julio de 2006

SYD BARRETT (1946 - 2006)

SHINE ON YOU CRAZY DIAMOND

El 7 de este mes, dejó esta tierra, Syd Barrett. Fundador, líder, compositor, cantante y guitarrista de Pink Floyd en sus primeras épocas. Una noticia que me conmovió por lo que representa (o representó) Barrett. Fue un icono de la generación psicodélica de Gran Bretaña. Era un tipo con una imaginación interminable, expandida por el uso y abuso de ciertas drogas que se vinculan con ese período.
Si bien tuvo una corta carrera, fue muy intensa. Primero grabaría con Pink Floyd “The Piper at the Gates of Dawn” (1968) y luego grabaría como solista dos álbumes más: “The Madcaps Laughts” (1970) y "Barrett" (1970). En 1970 dejaría la vida pública y la música para recluirse en su casa en Cambridge, lugar en el que falleció.
Syd fue separado de Floyd debido a su adicción a las drogas que derivaron en diferentes problemas psiquiátricos, que luego se trasladaron a los escenarios poniendo en riesgo el futuro de, por aquel entonces, la prometedora banda.
No lo volvieron a ver hasta 1975, cuando estaban grabando el disco “Wish you Were Here” e incluyeron en él, una canción que sería himno de la banda. A continuación reproduzco un texto escrito por Alfredo Rosso en La Mano de Junio de 2006 (obviamente antes de enterarnos de su muerte) en la sección ¿Cómo se hizo?, hablando de “Shine On You Crazy Diamond”:
(…) Shine on era una suite de veintidós minutos que tenía como tema central al miembro fundador de Pink Floyd, Syd Barrett, y a su debacle mental. El tono de la letra es profundamente melancólico, como si Waters estuviese implorándole al fantasma de Syd que deje el limbo en el que se encuentra y vuelva a brillar como en los viejos tiempos. Esto se le ocurrió a Waters cuando escuchó a Gilmour tocar esa secuencia de acordes iniciales tan tristes como emotivos. La parte de sintetizador, tan característica, fue un prodigio de producción y se lograron grabando pacientemente, una por una, pista sobre pista de sintetizadores y controlando luego el volumen y el balance de cada uno de ellos desde la consola para dar ese efecto de remolino orquestral.
“Waters quería que la letra reflejase sus sentimientos hacia Barrett. Había tenido la ingrata tarea de despedirlo en 1968, y ahora comenzaba a comprender algo del dolor que lo llevó a la locura. Waters era un tipo ambicioso, decidido a tener éxito, pero también se da cuenta de que ese éxito tiene un precio.
“La grabación adquirió un nivel extra de dramatismo el día en que un misterioso personaje se acercó con un bolso marinero y un gastado mameluco blanco y se quedó en la sala de control observando a los músicos. Era Barrett, a quien tardaron en reconocer debido a su gordura, su calvicie y su apariencia de desaliño. No hubo comunicación posible, ya que parecía estar en otro mundo. Desde entonces, ninguno de los músicos de Pink Floyd volvió a verlo”.

… hasta hoy, agregaría yo. Una pena, una lástima, genio maldito, poeta vagabundo y bohemio adicto, son sólo algunos de los adjetivos que entran a calificar a este mítico personaje de la escena del rock internacional. El diamante se fue apagando lentamente hasta dejar de brillar por completo a sus 60 años (más de lo que cualquiera de nosotros hubiera imaginado que pudiera haber vivido Barrett). Espero que haya cruzado el muro despojado de la locura con la que transito por esta vida y descanse en paz mientras escucha el homenaje que sus pares le hicieron en 1975.